Newsletter Septiembre 2009
Síndrome postvacacional y conducción
¿De qué se trata?
El Síndrome Postvacacional o Depresión Postvacacional es un síndrome pasajero, un proceso de adaptación, una entidad psicopatológica, no una enfermedad ni un problema clínico, que hace referencia a una serie de cambios de humor y sensaciones emocionales que convierten los días posteriores a las vacaciones en un auténtico infierno.
Todos nos hemos reído alguna vez de él, y lo hemos entendido como una consecuencia de habernos acostumbrado demasiado a una vida llena de comodidades y derechos al bienestar, de habernos “ablandado”, pero el caso es que cada vez lo sufren más personas.
En definitiva, se trata de un malestar físico y psicológico mayor de lo esperado, en respuesta a la vuelta al trabajo, acompañado de ansiedad y de un estado de ánimo depresivo.
Suele durar entre 1 y 10 días, que es el tiempo que el organismo necesita para adaptarse de nuevo a una situación de monotonía y de responsabilidad.
¿Cuáles son los síntomas?

Sensación de tristeza, somnolencia, irritabilidad, sentimientos de disforia (no estar a gusto con uno mismo y/o lo que se hace) ansiedad, inquietud, desconfianza, retraimiento, estado de debilidad general, astenia, pérdida de apetito, así como falta de concentración en horario laboral o cansancio crónico, son algunos de los síntomas más frecuentes. En los casos más graves o con complicaciones, se pueden terminar desarrollando crisis cardiovasculares, úlceras y otros problemas digestivos, además de insomnio o disfunciones sexuales. El estar incluso más ansiosos, más nerviosos, y en algún caso más cansados que antes del período de descanso puede parecer contradictorio, pero toma sentido si pensamos que hemos cambiado de vida durante un mes y volvemos a cambiarla otra vez.
¿A quién afecta?
No afecta a todo el mundo por igual
Mujer con tareas administrativas y/o de dirección, que ha salido de su entorno y tiene un bajo grado de satisfacción laboral.
Afecta más a las mujeres que a los hombres y lo sufren principalmente quienes realizan tareas administrativas y de dirección.
Aparece en las personas que han estado de vacaciones en un entorno distinto al habitual.
El grado de satisfacción laboral influye muchísimo: si el trabajo que se realiza es estimulante o las relaciones con los compañeros o el jefe son positivas, su duración es menor. De hecho, si a uno le encanta el trabajo que hace, las vacaciones pueden resultar un aburrimiento y llegar a suceder lo contrario, tener una depresión vacacional porque la persona tiene demasiadas horas por delante y no sabe qué hacer con ellas. Pero de esto hablaremos otro día.
Aquellos que realizan tareas administrativas tienen mayor tendencia a padecer esos síntomas que quienes desempeñan un trabajo físico porque tienen menos tiempo para adaptarse a la nueva situación.
El síndrome postvacacional suele afectar sobre todo a personas jóvenes, de entre 30 y 44 años, la mayor parte de las cuales porque experimentan una ruptura brusca del ritmo vacacional y una incorporación al trabajo sin transición ninguna.
Es uno de los colectivos que más afectado se ve por este síndrome, porque en su mayoría continúan desarrollando su rol de ama de casa y no descansan nunca. De hecho, la vuelta al hogar les supone, además de la incomprensión invariable, una sobrecarga adicional -limpieza de la casa, desembolso brusco para la compra del material escolar, de la cesta de la compra, etc., entre múltiples responsabilidades- que se añade al estrés que no han podido liberar.
Notan mucho el cambio dado que su período de descanso es mucho mayor. Aunque lo superan con más rapidez que los adultos.
Factores de riesgo
Influyen diversos factores como la personalidad, el apoyo familiar o las habilidades de afrontamiento del estrés. Y también tener una actitud competitiva, mostrarse impaciente con facilidad o ser perfeccionista. Asimismo, estas personas se caracterizan por querer hacer más de una sola cosa a la vez y sentir frecuentemente hostilidad o desconfianza hacia personas y situaciones.
El 35 por ciento de la población trabajadora sufre algún síntoma después de las vacaciones, según datos de la Asociación Nacional de Entidades Preventivas Acreditadas (Anepa) y, aunque en menor escala, cada fin de semana.
La evolución más grave
A veces, puede desencadenar reacciones psicosomáticas como dolores de cabeza o palpitaciones.
Se agrava cuando el estrés termina afectando a todos los ámbitos de la vida, un mayor retraimiento y períodos en silencio, malhumor frecuente, expresiones verbales ácidas o abusivas, comer, beber o fumar en exceso, cansancio crónico, tics, movimientos nerviosos, conducción temeraria o ausente o conductas de consumo compulsivo.
Si los síntomas duran más de una semana o diez días, debemos acudir al médico para descartar que no se trate de un problema de otra naturaleza.
El trastorno en números
Según una encuesta de ALTA GESTION, compañía de recursos humanos perteneciente a HumanGroup, realizada entre sus propios trabajadores:
- El 71% de los empleados reconoce tener dificultades a la hora de reincorporarse a la actividad laboral después de disfrutar las vacaciones de verano.
- Es en este momento cuando el 69% de los encuestados aprovecha para plantearse nuevos retos tanto personales como profesionales. Sin embargo, un 29% prefiere continuar con su vida y actividades tal y como eran antes de las vacaciones.
- Un 46% dicen sentirse deprimidas al regresar al trabajo tras el período vacacional.
- Para estos, los aspectos más difíciles son la vuelta a la rutina diaria para un 43%, y volver a ajustarse a un horario laboral (19%), aunque existen también otras situaciones que dificultan el regreso de las vacaciones, como la relación con los compañeros o con el jefe, el trasporte y el tráfico.
Medidas para evitarlo o minimizarlo
- Que la empresa ofrezca un horario flexible los primeros días de trabajo.
- Evitar la incorporación en lunes.
- Partir las vacaciones en diversos periodos de tiempo a lo largo del año.
- Asistencia psicológica.
- No volver de vacaciones el último día antes de empezar a trabajar.
- Hablar con los compañeros de trabajo y asumir que es un sentimiento pasajero.
- Racionalizar la situación, tanto las vacaciones como el trabajo como necesidad adulta.
- Planificar actividades gratificantes para los primeros días laborales, buscando un tiempo para el ocio y afrontar la vuelta al trabajo como un nuevo período vital en el que se pueden desarrollar nuevas tareas para el desarrollo personal. Aunque si la persona ya tiene síntomas no es el mejor momento para tomar decisiones importantes sobre su futuro.
- Regular los horarios y el reloj biológico los día previos al inicio del trabajo, así como acostarse en los horarios habituales y ser prudentes con las siestas.
Una visión más positiva
La vuelta al trabajo no solo se traduce en estrés y dificultad: la mayoría de las personas
eligen este momento para plantearse nuevos retos, tanto profesionales como personales, aprovechando para completar su formación y poder abrir nuevos horizontes en el terreno profesional, para aprender algún idioma, para dejar de fumar, para comenzar a mantenerse en forma, o para conseguir cambios más personales y familiares.
Cuidado con el coche en la vuelta a casa

La depresión post-vacacional no sólo afecta al estado de ánimo, también incrementa el riesgo de accidentes de tráfico. De hecho, este síndrome puede provocar una disminución de la capacidad de atención, merma de la capacidad de decisión y reflejos, aumentar la sensación de fatiga y sueño, y potenciar la ansiedad e irritabilidad durante el viaje.
Las recomendaciones a este respecto, en realidad, son las mismas que habría que seguir en cualquier otro momento:
- Viajar, a ser posible, durante el día, sobre todo si tenemos problemas de vista o tendencia a quedarnos dormidos.
- Descansar cada dos horas o cada 200 kilómetros.
- Al mínimo síntoma de cansancio, parar.
- Si viajamos con niños, hacerlo durante las horas de menos radicación solar, llevar bebidas suficientes para todo el trayecto, hacer paradas periódicas, disponer de juguetes para que se distraigan y usar sistemas de retención infantil homologados.
- Utilizar ropa cómoda durante el trayecto.
- Llevar una alimentación ligera.
- Por supuesto, no consumir bebidas alcohólicas. Ninguna. Límite 0,0.
- Llevar siempre el cinturón de seguridad puesto.
- Vigilar el aire acondicionado.
- Abrir las ventanillas de vez en cuando para humedecer el coche.
- Programar el viaje de vuelta con antelación, intentando evitar los días de mayor afluencia de vehículos.
- Disponer del teléfono de la compañía de asistencia en viajes.
- Haber revisado todos los niveles del automóvil antes de partir.
- Aplicar las técnicas de conducción preventiva, anticipándonos a los riesgos.
- Ser conductores inteligentes y felices: aplicar la Conducción Emocional Inteligente o Zen Driving. Para ello, las indicaciones generales son controlar nuestros instintos más primarios, aprendiendo a reinterpretar la situación:
- 1. Ponte en el lugar del otro
- 2. Transforma los pensamientos negativos en positivos
- 3. Gestiona el espacio seguro
- 4. Aléjate de los conductores peligrosos
Para seber más sobre las soluciones:
Zen Driving