Entre el 70 y el 90% de los accidentes se deben a comportamientos inseguros de las personas, con lo que la conclusión más directa se convierte en solución: actuemos sobre el conductor, mejoremos su comportamiento. Sin embargo, esta secuencia tan lógica y casi obvia es tremendamente complicado en su vertiente práctica.
La formación en conducción preventiva (defensive driving) es la actuación más efectiva sobre las personas para mejorar su conducción. La prueba es que estos conceptos se vienen aplicando en los países mas avanzados en materia de Seguridad Vial desde hace mas de 50 años. Los programas formativos en conducción preventiva han logrado reducir de manera constante el número y la gravedad de los accidentes de trafico en países como EE UU, Finlandia e Inglaterra. De hecho, en estos países las Compañías Aseguradoras suelen bonificar (incluso financiar) a los conductores que reciben y se reciclan en cursos de formación preventiva, porque convierten a sus clientes en conductores de baja siniestralidad y por lo tanto mucho mas rentables.
Es evidente que la prevención en general y la conducción preventiva en particular van calando lenta pero progresivamente en las sociedades desarrolladas y acabarán por ser términos popularmente conocidos en un futuro, esperamos, no muy lejano.
Para ayudar a esta difusión, presentamos qué es la conducción preventiva (comportamientos seguros en la conducción) y cómo implantar un programa formativo en este campo en organizaciones empresariales.
Es una actitud, una forma de ser, una forma de conducir que permite evitar los accidentes, a pesar de las acciones de los demás usuarios de la vía y a pesar de las condiciones adversas que se pueda encontrar o afectar al conductor.
La conducción preventiva permite al conductor depender sólo de sí mismo para no tener accidentes y descartar la falsa creencia de que la sempiterna mala suerte es la causante de los accidentes de tráfico. ¡¡Al volante, la mala suerte no existe!!
La conducción es una continua toma de decisiones y la decisión sólo es acertada cuando es la más segura.
Un piloto de Fórmula 1 puede ser extremadamente hábil conduciendo en un circuito, pero si cuando conduce en la calle no toma las decisiones acertadas con respecto al entorno cambiante que le rodea, tendrá más probabilidades de tener un accidente que un conductor poco hábil en el manejo del coche pero que sabe tomar decisiones seguras.
La clave de la conducción preventiva no está en el manejo del vehículo, siempre importante pero no fundamental, sino en la capacidad de la persona para anticiparse a las situaciones. Anticiparse no es derrapar en el último momento y esquivar un obstáculo, sino detectar la situación con tiempo y tomar la decisión segura que permite conducir sin sobresaltos.
Vamos a aclarar este concepto con un caso real: El responsable de prevención de una importante y prestigiosa multinacional, muy orgulloso de las acciones realizadas en prevención de accidentes de tráfico, explicaba ante la sorpresa de algunos lo bien formados que estaban sus conductores:
“un conductor realizaba el viaje de vuelta a casa desde Madrid a León, a las ocho de la noche después de una jornada de trabajo, y se vio envuelto en la siguiente situación: circulaba a 140 km/h por el carril de la izquierda de la A-6 a la altura de Torrelodenes (población que se encuentra a unos 40 kilómetros de Madrid), cuando “¡¡por sorpresa!!” el coche de delante frenó bruscamente hasta detenerse, y gracias a su habilidad y un curso realizado en un circuito consiguió realizar una frenada con esquiva y evitar golpear al coche. ¡¡Qué buenos conductores tengo y qué bien formados les tengo!!”
Ante esta situación, ¿qué es más efectivo? ¿detectar el riesgo a tiempo y actuar con total seguridad o sortear el obstáculo en el último momento?
Veamos las diferencias:
La respuesta a las preguntas que nos hemos hecho es un NO rotundo, porque si no, una persona sensata y preparada como parecía ser este ingeniero, no habría actuado así.
Estos conocimientos tan sencillos y tan fáciles de aplicar son lo que un conductor adquiere de forma práctica y asume con la formación en conducción preventiva, y son los que le permitirían circular con total seguridad.
En definitiva, no depende de sí mismo, su seguridad está en manos de los demás, ahora sí es cuestión de suerte.
Aplicar la conducción preventiva y desarrollar hábitos seguros de conducción implica conocer y practicar ciertas técnicas cada día, cada kilómetro. No es una labor fácil, pues no es sencillo cambiar la actitud de las personas, pero salvar vidas hace necesario realizar esfuerzos.
El ser humano está preparado para circular a velocidades no superiores a los 5 km/h (velocidad a la que se camina), con lo que la conducción de un vehículo supone un esfuerzo que supera la capacidad de nuestra vista y nuestro cerebro. En un minuto de conducción, se toman entre 60 y 100 decisiones, decisiones que marcan el destino de una persona.
Aplicando las técnicas de conducción preventiva, conseguiremos no dejar nada al azar y paliar nuestras limitaciones intrínsecas. La conducción preventiva estructura de una forma lógica el proceso de la conducción y sus técnicas se basan en tres principios:
Todo programa de seguridad en la conducción se debe iniciar con el cambio de actitud de sus conductores y ello se consigue únicamente con la formación en conducción preventiva. Posteriormente se puede completar con formaciones de conducción en situaciones de emergencia (conducción evasiva), pero no antes, le explicamos por qué:

En una organización empresarial, ya sea pública o privada, desarrollar hábitos seguros en los conductores no depende de sólo de éstos. Requiere una fuerte cultura de Seguridad y Prevención en la organización y una gran implicación, para conseguir el objetivo final:
Hacer que valores en seguridad de la organización sean hábitos de vida en los trabajadores.
Las fases que nos acercan a esa realidad son: