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Agresividad y conducción


Uploaded Image: Tuning264x200.jpgHe escuchado en más de una ocasión la asociación de que los coches potentes inducen a un estilo de conducción agresiva, y en lo que va del 2007 ya lo escuché en un par de reuniones de seguridad vial. En una de estas reuniones pregunté a los defensores de tal asociación por sus argumentos, cada uno ofreció el suyo, todos eran diferentes aunque con la intención de fortalecer y completar al anterior, hasta que surgió el argumento de “no hay más que verlo en la carretera” que curiosamente pareció satisfacer a una mayoría, si bien cada cual seguía defendiendo el suyo propio. Es decir sólo había unidad en la acusación, no en el argumento sobre que basarla, y parecían afirmar que el “habito SI hace al monje”, sin necesitar de considerar en nada al conductor que los conduce. Solo la potencia del vehículo basta para asociar a su conductor con agresividad.


Potencia no es agresividad
Para situarme, quien escribe este artículo está en total desacuerdo con esa asociación y afirmación de ideas, al menos hasta que se publique un estudio serio y competente o estadística fiable que confirme la acusación.


Pero el tema de la agresividad en la conducción es realmente interesante, puesto que los motivos que lleva a un conductor a comportarse de manera agresiva podrían explicar muchas de las causas con las que se construyen muchos accidentes de tráfico.


Factores desencadenantes
Partamos de que no todos los conductores están en permanente estado patológico de agresividad mientras se encuentran detrás de un volante, la aparición de ciertos factores desencadenantes transforman a muchos conductores en agresivos “temporales”, sin que la mayoría ni siquiera se den cuenta de su agresividad. Por el contrario, quienes sí se dan cuenta son quienes se encuentren dentro de su radio de conducción con comportamientos negativos e inseguros, sean conductores o peatones.


Varias definiciones
No hay una definición única acordada de conductor con comportamientos agresivos, se acepta que “un comportamiento es agresivo si es intencionado, con probable aumento en el riesgo de colisión, y está motivado por impaciencia, enfado, hostilidad, y / o un intento de ahorrar o recuperar tiempo.”


Entre los comportamientos específicos más comunes que constituyen una conducción agresiva se encuentran:


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  • Acercarse excesivamente al vehículo precedente, eliminando la distancia mínima de seguridad de dos segundos entre vehículos.
  • Conducir con cambios frecuentes de carril con invasión de la distancia de seguridad delantera, lateral y trasera de los otros vehículos.
  • Conducir a velocidad excesiva para las condiciones del tráfico.
  • Adelantar indebidamente cortando en exceso al vehículo adelantado. El hecho de señalizar la maniobra no da derecho a ejecutarla hasta reunir las condiciones de seguridad necesarias.


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  • No señalizar la maniobra o hacerlo a destiempo; cambio de carril, giro, etc.
  • No atender los derechos de otros usuarios (peatones, conductores, etc.)
  • Obstaculizar su adelantamiento por parte de otro conductor.
  • Obstaculizar o no cooperar para que otros conductores accedan al flujo del tráfico o cambien de carril en una situación de tráfico difícil.
  • No respetar las señalizaciones de Stop, Ceda el Paso, etc.
  • No respetar los semáforos en luz roja, considerar la luz ámbar como verde.


Los conductores agresivos suelen mostrar su hostilidad con intención de intimidar o provocar, con actuaciones “mafiosas” como:


  • Aplicación de ráfagas de luces.
  • Toque prolongado de bocina.
  • Gesticulación excesiva y manifiesta de desaprobación hacia el otro usuario.
  • Gesticulación obscena.
  • Activación de las luces de “warning” o de frenada.


El conductor tipo que cae dentro de estos comportamientos resulta ser:

  • Varón.
  • Relativamente joven.
  • Sin control de sus emociones / impulsos.
    • Fácilmente irritable.
    • Da salida a su frustración en el volante.
    • Enfadado (posiblemente por la propia situación de tráfico).
  • En situación de tráfico que le confiere cierto anonimato y/o posibilidad clara de escape.
  • Cree que posee excelentes dotes para el control del vehículo.
  • Se ve obstruido por inexplicables e inesperadas congestiones de tráfico.


Qué hacer si se encuentra frente a un conductor agresivo:

  • Apártese de su camino.
  • Ni le desafíe ni compita.
  • No le mire, evite el contacto visual.
  • Ignore sus gestos.
  • Denúncielo a la policía.
En resumen, el estrés generado en el día a día más el propio de la conducción hace del control de las emociones del conductor, junto a la conducción sin presencia de alcohol, drogas, sueño, fatiga, cansancio, etc. un factor más crítico e importante que la eficiencia de los vehículos que conducimos.

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