Hace unos años, quizás en 1994, durante la celebración de una sesión de formación de seguridad a conductores profesionales de mercancías peligrosas por carretera, y cuando la filial española de la multinacional para la que trabajaban reportaba al grupo uno de los peores índices de accidentalidad en la actividad de transporte y distribución de mercancías peligrosas. por carretera, algunos de aquellos conductores preguntaron las causas por las que sus índices eran peores que los de las empresas de otros países que trabajaban para la misma multinacional. Aplicación de la ley
La aparición y aplicación de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y el posterior y paulatino goteo en la adaptación de la legislación a la mayor exigencia social de salud y seguridad en el marco laboral, permite afirmar que la gestión de seguridad en el transporte para la prevención de accidentes no es una opción que la gerencia pueda tomar o dejar, es sobre todo una obligación legal, y en muchos casos también una obligación que emana de la propia Responsabilidad Social Corporativa.
Sistemas propios de gestión de riesgos
Las gerencias pueden optar por satisfacer lo requerido por Ley, considerando este nivel como básico o de entrada; o por desarrollar su propio programa de gestión de riesgos. Con la primera opción salvará los principios legales, pero probablemente siga con un inaceptable nivel de accidentalidad. Con la segunda, además de cumplir con los principios legales, conseguirá una mayor eficacia en la identificación, control y eliminación de los riesgos laborales, mayor reducción de accidentes e incidentes, menores costos y por tanto menor exposición a las pérdidas económicas, menos interrupciones en la productividad y por consiguiente mayor productividad, más fiabilidad, calidad, mejora en los procesos, mayor cultura de seguridad, más eficacia y confianza en sus conductores, mejor imagen frente a terceros, etc..
Cero accidentes como meta
Desde el punto de vista de la prevención de accidentes en carretera es recomendable que la gerencia acepte trabajar de acuerdo a la meta y filosofía preventiva de CERO ACCIDENTES. Sin embargo, con más frecuencia de la deseada, la meta se confunde con el objetivo y la filosofía con el programa de gestión, levantándose barreras insalvables en las mentes de muchos gestores. Creemos que si un deseo nace sin ambición, el resultado será pobre desde la cuna hasta la sepultura. Lo que se afirma es que sin buena gestión, ni se lograrán ni se mantendrán buenos niveles de seguridad.
Cada gerencia debe decidir el nivel de gestión que es capaz de llevar a cabo sin que ello signifique un ahogo burocrático y administrativo. Lo más acertado es gestionar desde un principio calidad y seguridad aprovechando las sinergias que cada una de ellas generan. Para empresas con gestión más sofisticada y avanzada disponer de un Sistema de Gestión Integrada de Calidad, Seguridad y Medio Ambiente, es lo más recomendable.
Decida la gerencia el nivel de gestión de seguridad que decida, sería conveniente que se anclara en los siguientes tres pilares: