Newsletter Enero 2009


Certificado de aptitud profesional (C.A.P.)
Ventajas colaterales


En este artículo reflexionamos sobre las oportunidades que el Certificado de Aptitud Profesional (C.A.P.) ofrece a las empresas en materia de formación continua y profesionalización de conductores, más allá y de manera complementaria a su ámbito legal de aplicación, con el fin de reducir los accidentes de tráfico, mejorar los índices de frecuencia y las tendencias de accidentalidad, y minimizar cuanto sea posible tanto el dolor y sufrimiento humano como los costos asociados a la accidentalidad vial laboral. Es decir para mejorar el nivel de seguridad vial laboral en las empresas.

Introducción

Para quienes no estén familiarizados con el C.A.P., resumirles que la Directiva 2003/59/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de julio de 2003, regula la cualificación inicial y la formación continua de los conductores de determinados vehículos destinados al transporte de mercancías o de viajeros por carretera, y que el Estado español lo traslado a norma legal interna por el Real Decreto 1032/2007, de 20 julio (B.O.E. núm. 184, de 2 de agosto de 2007), con entrada en vigor al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial del Estado.

El C.A.P. es una acreditación exigida a los conductores para la conducción por las vías públicas españolas de vehículos (de M.M.A. superior a los 3.500 kilogramos) de empresas establecidas en cualquier estado miembro de la Unión Europea, para las que resulte obligatorio estar en posesión de permisos de conducción de las categorías C1, C1+E, C, C+E, (transporte de mercancías) D1, D1+E, D o D+E (transporte de viajeros). La posesión del C.A.P. acredita que el conductor, a cuyo favor fue expedido, superó los cursos y exámenes exigidos para la obtención de la cualificación inicial de los conductores.

El R.D. 1032/2007, Capítulo I, Art. 2, excluye de la obtención del C.A.P. a los conductores de los vehículos cuya velocidad máxima autorizada no supere los 45 km/h, a los de las Fuerzas armadas, a los de protección civil, a los de bomberos, a los sometidos a pruebas en carretera para fines de mejora técnica, a los que estén en reparación o en mantenimiento, a los utilizados en situaciones de emergencia o que se encuentres destinados a misiones de salvamento, a los utilizados en las clases prácticas destinados a la obtención del permiso de conducción o del C.A.P., a los que transporten material o equipos para el uso del conductor en el ejercicio de su profesión siempre que la conducción del vehículo no represente la actividad principal de de dicho conductor, y a los utilizados para realizar transporte privado particular de viajeros o mercancías definido en el art. 10 de la ley 16/1987, de 30 de julio, de Ordenación de los Transportes Terrestres y 156 de su Reglamento aprobado por el real Decreto 1211/1990, de 28 de julio de septiembre.

El C.A.P. puede obtenerlo cualquier persona, incluso si no dispone del permiso de conducción (sin C.A.P. no se puede conducir ningún vehículo de las categorías afectadas, pero sí puede obtenerse sin necesidad de tener el permiso de conducir), siguiendo una de estas dos modalidades:

  • Cualificación Inicial Ordinaria; que consiste en la asistencia a un curso de 280 horas y la superación de un examen.

  • Cualificación Inicial Acelerada; que consiste en la asistencia a un curso de 140 horas y la superación de un examen.

Una vez superadas las pruebas de examen para la obtención del C.A.P., las autoridades correspondientes lo emiten a nombre de su titular y sin fecha de validez predeterminada, subordinando su vigencia a que su titular siga los cursos de formación continua de 35 horas de duración cada 5 años.

Los conductores en activo titulares de uno de los permisos de conducción mencionados en el párrafo tercero de este artículo, están exentos de pasar la formación inicial, pero deben superar un curso completo de formación continua antes de las fechas límites fijadas en la disposición transitoria segunda del R.D. 1032/2007.

Por último, el Anexo 1, del R.D. 1032/2007 refiere los conocimientos que deben disponer y superar para la obtención del C.A.P., y que a modo de titular versan sobre:

  • Formación avanzada sobre conducción racional basadas en las normas de seguridad.

  • Aplicación de la reglamentación-

  • Salud, seguridad vial y medioambiental, servicio, logística.

Una vez realizada esta brevísima presentación del C.A.P. como ayuda a quienes no estén familiarizados con este requerimiento de certificación y formación continua de ciertos conductores, decir que damos la bienvenida a la oficialización del C.A.P. pero que PREVENSIS ya lo viene aplicando desde hace años de manera rigurosa y profesional en aquellos clientes que mostraron interés en la seguridad vial laboral.

External Image Y es que hay dos tipos de empresas; a) una mayoría que se limitan a moverse en el entorno de lo legalmente aprobado y exigido, y b) unas pocas que investigan y analizan las necesidades reales de las empresas y de los conductores profesionales más allá de lo que pueda o no estar aprobado y exigido, y que invierten tiempo y dinero en el desarrollo de formación, entrenamiento y sistemas de gestión de riesgos en la conducción. PREVENSIS pertenece a éste último tipo de empresa.

Oportunidades y amenazas del C.A.P.

Nuestro primera reflexión es acerca de la limitación del ámbito legal de aplicación del C.A.P. Anteriormente mencionamos los tipos de vehículos cuyos conductores deben poseer esta acreditación, luego es simple deducir que con carácter general quedan fuera de esta exigencia legal todos los conductores profesionales de vehículos de transporte cuya masa máxima autorizada (M.M.A.) no exceda de los 3.500 kilogramos. Por fortuna, debemos reconocer que una mayoría de estos conductores disponen también de los permisos de conducir tipo C y D necesarios para conducir vehículos que requieren la acreditación C.A.P. No obstante, debe ser aún importante el número de conductores profesionales que con una exposición diaria a los mismos o similares riesgos que los C y D no acceden por exigencia legal a los conocimientos que les permitiría aprender a identificar, eliminar o al menos a controlar los riesgos de seguridad vial laboral. Tampoco se exige el C.A.P. a los conductores profesionales de vehículos 4x4, ni a los de motocicletas, ni a los de automóviles de turismo y de viajeros con número de asientos, incluido el del conductor, igual o inferior a nueve, aunque el número de accidentes con víctimas de estos grupos de conductores sea superior a los C y D juntos.

Nuestro segunda reflexión trata de la desigualdad en los conocimientos que se exigen a los conductores a través del anexo 1 del citado R.D. 1032/2007, y la ausencia de esa misma o similar exigencia legal a las gerencias y mandos de las empresas cuya actividad principal requiere de la conducción profesional y por lo tanto de conductores profesionales. Habrá quienes pongan como atenuantes, a fin de justificar la no necesidad de tales requerimientos legales, hechos ciertos como que las empresas tienen que disponer por ley de un Servicio de Prevención de Riesgos Laborales propio o ajeno, o que por ley las empresas que transportan mercancías peligrosas deben disponer de un Consejero de Seguridad, o que también por ley deben disponer de al menos una persona con el título habilitante. Pero lo cierto es que las dos primeras exigencias pueden ser satisfechas por personas “acreditadas” ajenas a la empresa, y que entre las materias para obtener el título habilitante no hay ni sombra de lo requerido en el citado anexo 1. Podríamos resumir que por ley a los conductores se les garantiza conocimientos y capacitación profesional, garantía que no se da en gerentes y mandos. En PREVENSIS sabemos, por nuestra experiencia acumulada en los contactos con empresas de transporte, que cuanto mayor es la diferencia de conocimientos y profesionalización entre conductores y sus gerentes y/o mandos, mayor puede ser el grado de insatisfacción de los primeros, ya que los segundos podrían no estar capacitados para gestionar el cambio que requiere el nuevo conocimiento adquirido por los conductores. El capital intelectual de la empresa podría estar aumentando sólo en los conductores, por lo que el desequilibrio podría estar produciéndose por una falta de actualización del conocimiento de los gerentes y/o mandos. No parece que en el entorno del Parlamento Europeo, tampoco a nivel nacional, se vaya a legislar nada en este sentido. Todo queda al criterio del gerente y al rigor con el que desarrolle y aplique la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales.

External ImageNuestra tercera y última reflexión se basa en la presunción, para asegurar habrá que ver la eficacia de la medida en los próximos años, de que la correcta aplicación del C.A.P. sistematiza la formación inicial y continua de los conductores profesionales de ciertos vehículos, y garantiza un nivel de profesionalización mayor que el existente hasta su total aplicación. Si la anterior presunción resulta cierta ¿deberían las empresas asumir de forma voluntaria el esquema total o parcial del C.A.P. y aplicarlo con sus conductores exentos de conseguir esta certificación? El costo de los accidentes suele ser mayor que el gasto en formación que además se puede reducir consiguiendo subvención de la Fundación Tripartita o de otros organismos o asociaciones.

Conclusión

En resumen, damos la bienvenida al C.A.P. pero acentuando el riesgo de que se abra un vacío entre el conocimiento que aporta la formación y profesionalización de los conductores con respecto al conocimiento adquirido tiempo atrás por sus gerentes y mandos. El vacío podría producir una falta de sintonía entre conductores y gerentes y/o mandos, con resultado de insatisfacción y frustración si los conductores no ven satisfechas las expectativas de mejora en las condiciones de seguridad y de trabajo. El C.A.P. aporta un esquema que podría servir como plataforma de formación y profesionalización en las empresas que emplean conductores exentos de obtener tal certificación.

No olvidamos, aunque no lo mencionemos, las reacciones de rechazo que producirá la aplicación del C.A.P., cada interviniente en la cadena del transporte y la logística tendrá su propio punto de vista en defensa de sus intereses, pero estamos seguros de que con su aplicación se da un paso adelante en la profesionalización de los conductores, y esto es positivo en todos los aspectos de la profesión sea calidad, seguridad, medio ambiente,…

Por último, puede que usted esté de acuerdo o en desacuerdo con nuestra exposición y reflexiones, pero le estamos dando la oportunidad de que a su vez usted reflexione sobre el estado de gestión del conocimiento y del capital intelectual en la empresa. Obtenga sus propias conclusiones y dé un paso más hacia la profesionalización de los empelados de su empresa. Recuerde que en tiempos de crisis y de cambio sobrevive quien mejor sabe adaptarse, no el más fuerte ni el más inteligente.

En PREVENSIS nos mantenemos abiertos a sus consultas y reiteramos nuestro deseo de ayudarles a encontrar soluciones.

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